lunes, 31 de marzo de 2008

Consideraciones alexitímicas o respuestas que duelen…


Casi siempre cuando recibo un mensaje, obviamente trato de interpretarlo, pero hay algunas ocasiones en que las aclaraciones o esas consideraciones formales que tienen las personas hacia mi, me resultan tan difíciles de comprender. Principalmente porque percibo que el emisor o emisora no comprende absolutamente nada de lo que siento. En este contexto, utilizo alexitímico para adjetivar dicha ceguera, una suerte de perturbación que en mi vivencia personal sólo se expresa en dos palabras: des-ilusión y des-engaño.
Se rompen las ilusiones y, de inmediato, aparece la amargura, la frustración y desaliento como oleadas que despiertan la conciencia y me llevan a pensar –también- en mi propia incapacidad de provocar instancias de encanto y de contacto. Espero que estas luces terminen por acallar las somatizaciones que últimamente han abrazado a mi cuerpo y que la salida de emergencia contribuya a re-situar el dolor en un aspecto constructivo.

1 comentario:

  1. Cuando uno está en el impasse amargo de la des-ilusión, termina traspasando ese sentir, que puede estar provocado por otro, hacia uno mismo. Y tendemos a reprocharnos y a pensar con demasiado locus interno, que somos las que nos generamos la situación. Me gusta pensar en que vamos a aprender a diferenciar lo que debemos y lo que nos deben, para que la cuenta no salga, a fin de cuentas, tan salada. ojo, pestaña y ceja.

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