
Estamos menos centrados en el deber ser que nuestros padres.
No queremos seguir el ejemplo de nuestros padres.
Vivimos una adolescencia larga y una adultez tardía.
Queremos más tiempo para nosotros.
Hemos decubierto que lo que queremos hacer hoy es diferente a lo que decidimos a los 18.
Sabemos que probablemente lo que queremos hoy será distinto de lo que querremos mañana.
Hay tantas posibilidades que estamos mareados.
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