
Después de estas semanas terribles llenas de fastidio laboral, había yo desarrollado un par de achaques distintos de los habituales. Primero, un intenso dolor lumbar - léase lumbago - que me anduvo trayendo ridículamente tiesa, y posteriormente un dolor entre el pecho y el hombro, más cercano al pecho a veces, al hombro otras... me psicosié y dije bueno, capaz que esté histéricamente de infarto, como el Toño dije yo, y después de dos semanas de molestias continuas me decidí a ir al médico.
De allá vengo. Le cuento por qué estoy allí a la Diostora, un poco avergonzada de responder que soy psicóloga, ya que obviamente sabía que lo que tengo es más psíquico que somático, pero en fin. Le digo del dolor del pecho-hombro, del lumbago, del colon irritable y del tabaquismo, para empeorar el panorama. Su diagnóstico: Osteocondritis. Esta vez la maldita presión afectó nada más y nada menos que mis huesos, y de allí la famosa puntadita.
Me mira y me dice que me va a dar antinflamatorios y que con eso el dolor debiera ceder. Y bueno, para qué decirme más si "yo sé manejarlo"... Me reí nerviosamente y me fui dando las gracias por nada en el fondo, porque si supiera manejarlo no hubiera llegado al médico.
Tendré que saber manejarlo, pues. Pienso en esto y me agarro la cabeza, mientras me fumo el pucho 15 del día.
Tendré que saber manejarlo, pues. Pienso en esto y me agarro la cabeza, mientras me fumo el pucho 15 del día.
puchaaaaaaaaaaaaaaaaaa, tienes que cuidarte....
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