miércoles, 21 de noviembre de 2007

Efecto Mariposa


Estábamos en una fuerte onda de trabajo en la casa, la Gabriela, el Tito, la Lola (quien amorosamente ofreció ayuda) y yo. Yacíamos entre humos haciéndonos de buen humor, calificando curriculums llenos de datos ilegibles, fotos a la mala y nombres cada vez más peculiares.
En eso llega el Edo, rápidamente saluda, evalúa la situación, desaparece y reaparece, vestido deportivo con cara de chao y saliendo a correr. Le ha dado por esto últimamente, junto con las clases de canto, la banda de rock, las pruebas de inglés y otros miles de pasatiempos que cultiva yo no sé como.
Bueno, ya solos de noche tarde, acostados, haciendo un breve pero reparador recuento del día, me comenta lo que le pasó mientras andaba deporteando.
Dice que en una esquina, esperando el semáforo, de pronto notó el ambiente enrarecido, y vió en la esquina del frente a un hombre de mala calaña (un lanza) arrancando y dos que lo perseguían, ya cansados. Como pasa en este tipo de cosas, que el tiempo como que se detiene, se fija que a su lado hay dos lolos cachando el mote y "planificando" qué harían si el lanza corría hacia ellos. El Edo, que por sapo no se queda, escuchó que ellos decían: "si viene para acá, lo agarramos".
En eso estában todos, cuando el lanza cruza y se pone a correr calle abajo. El Edo, les dice a los lolos casi sin pensarlo "¿Y si lo seguimos?"... los que habían sido asaltados ya parecían rendidos, tirando la esponja... los lolos le dicen "Ya po" y parten los tres corriendo detrás del ratero, mientras sus víctimas recobran aliento al observar el gesto solidario y se transforman ya en un buen piño, dispuestos a atrapar al malhechor y hacer justicia.
El lanza seguía corriendo, hasta que se dio cuenta del asunto, y anteponiéndose a una irremediable golpiza, decide inesperadamente parar y rogarles: "por favor no me peguen, no me peguen"... dice el edo que a los que les había robado le pegaron un par de paipas, mientras él y sus colegas prefirieron tomar distancia, porque a todo esto ya se fue acercando más gente a curiosear y también a desquitarse un poco por tanta mala onda que uno sufre a diario.

El edo al ver que ya estaba un poco resuelto el asunto dijo que estaba bueno y partió de vuelta a la casa con el corazón contento, por que HIZO ALGO AL RESPECTO.

Yo escuchaba la historia y a parte de senirme orgullosa de miamores, pensaba en dos cosas: la primera, que igual me hubiera metido a pegarle un par de paipas o al menos tirar un par de chuchadas al lanza, por puro que me cargan. Y lo segundo, que si todos asumiéramos la responsabilidad de intervenir, tal vez podríamos andar más confiados por la calle y por la vida.


Si alguien toma la iniciativa, y nos apoyamos, podemos cambiar las cosas. Es obvio, pero vale la pena subrayarlo.


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